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UNA BATALLA EN 64 CASILLAS

"Me comiste todo!", le gritan a El Carnicero, mientras algunos vitorean el triunfo y el protagonista reorganiza enseguida las piezas para dar la bienvenida al siguiente contrincante. El Carnicero juega nervioso, muy rápido, en varias ocasiones tira las piezas que toca, las que se come y las que le quedan cerca. Mueve y golpea el reloj cronómetro, mueve y golpea el reloj una y otra vez. Se acomoda en la silla destartalada de cármica, se le caen los lentes de sol y el celular al piso, es su turno, mueve y golpea el reloj. Se agacha para recoger sus pertenencias recién caídas y en el intento hace tambalear sin querer la mesa de plástico y casi tira el tablero que descansa encima de ella. Se escucha una queja: "¡Eh, bo!". Sigue el juego. El Carnicero gana tres partidas al hilo. "Uh, ¡bien matado!", le dicen al invicto. Carlos Heber Ferrari lo mira y comenta: "Este estuvo practicando jugadas rápidas".

 
Ferrari tiene 73 años, es amable y habla pausado. Flaco y alto, conserva una barba de pocos días y lleva una campera de cuero abrigada. Tiene una mirada tranquila a través de sus ojos celestes y las manos largas, arrugadas y secas, explican el oficio de años de trabajar a la intemperie. Es quiosquero y desde 1978 en su puesto de diarios y revistas Los gurises del ajedrez, ubicado en 18 de Julio y Convención, hay instalado un tablero de ajedrez para los transeúntes que quieran pasar a jugar. Hay solo dos reglas: no pelear y no apostar.
 
La modalidad que se juega allí se denomina ping pong, es decir, cada jugador tiene tres minutos para toda la partida. En el momento que termina su jugada, detiene el reloj cronómetro digital que empieza a correr para el contrincante, y así sucesivamente. Si hacen movimientos rápidos se ahorran segundos que son esenciales para el ajedrecista, porque si se acaba el tiempo se pierde la partida.
 
"Antes jugábamos partidas de cinco minutos, cuando teníamos un reloj analógico. Ahora nos juntamos entre el grupo fijo de 25 que jugamos acá y nos mandamos traer este digital DGT que salió 84 dólares y lo pagamos entre todos. Pasamos a jugar partidas de tres minutos, porque en el horario de almuerzo se acumula mucha gente y no nos da el tiempo. Las hicimos más rápidas, así no se queda nadie afuera. Nos gusta así, ajedrez rápido y democrático, porque acá viene gente de todo tipo: desde abogados hasta junta cartones".
 
En Montevideo las opciones para jugar ajedrez callejero son escasas. Además del quiosco de Ferrari, en la Intendencia hay un tablero donde no hay un tiempo estipulado y la modalidad depende del transeúnte del momento, aunque por lo general son partidas rápidas. Entre los habitué de Ferrari y conocidos de los clubes se organizan juntadas abiertas en bares y otros lugares, como la cantina del Banco República, pero como oferta lúdica en la que hay un denominador común bastante estricto: nunca se juega por dinero, solo por diversión.
 
Aprender siempre.
 
En Uruguay el ajedrez es una disciplina que se extiende cada vez más. A nivel profesional, en 2015 había 800 jugadores registrados ante la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE); hoy son 1.100. A su vez, crecieron las inscripciones a competencias y eventos de fin de semana. También aumentaron los grupos y centros de estudio donde se practica de forma regular y cada vez hay más mesas al aire libre en todo el país, por ejemplo en Sauce, Nueva Helvecia y Montevideo, resume Bernardo Roselli, presidente de la Federación Uruguaya de Ajedrez (FUA).
 
En estos días, además, Uruguay estará en el mapa mundial del ajedrez: desde el próximo jueves 16 al 26 de setiembre se desarrollará en Montevideo el Campeonato Mundial de Ajedrez de la Juventud —World Youth Chess Championship—, un evento de la FIDE que se organiza todos los años y rota de continente en continente. Hay más de 400 jugadores inscriptos desde los 10 a los 18 años, que representan a 54 países.
 
"Esta Federación con su equipo de entrenadores viene trabajando desde hace 24 meses preparando a los niños de nuestro país. Como se sabe, el ajedrez es una disciplina que tiene una enorme bibliografía y se estudian cientos de partidas de ajedrecistas clásicos para imitar sus ideas y poderlas plasmar en el tablero", señala Roselli.
 
En Uruguay, aunque han cerrado espacios en la última década, existen 24 clubes miembros de la Federación. Hay campeonatos interdepartamentales, torneos regionales y encuentros por todo el país. El club en el interior con más competidores es Paysandú, seguido por sus pares de Colonia, Salto y Cerro Largo. En Montevideo, los que concentran mayor actividad son La Proa, Cerro, Trebejos y Banco República.
 
Además, hay varias academias más de formación para jugadores, que están todo el año en actividad, ya sea con torneos, encuentros, campeonatos y homenajes, con una mirada siempre atenta a lo que pasa en el panorama mundial. Todos estos centros de referencia afiliados a la FUA nuclean tanto a personas adultas, como jóvenes y niños. "Nuestras actividades se dividen en ajedrez educativo, ajedrez social, ajedrez recreativo, ajedrez competitivo y organización de eventos", explica Roselli.
 
El total de los registrados en el ranking de puntuación ELO —que son quienes juegan campeonatos—, es de 2.000 ajedrecistas, de los cuales 180 son mujeres y 800 han competido a nivel internacional. Quien tiene mayor puntaje de ELO —ranking internacional— en Uruguay es Andrés Rodríguez, con 2478 puntos y el título de Gran Maestro. Lo sigue Roselli, Maestro Internacional con 2421 puntos y actual campeón uruguayo.
 
En una sala de la Biblioteca Nacional los ajedrecistas se sientan, anotan sus nombres en la ficha de campeonato y miran al árbitro Pedro Lamas (75) esperando la señal de comienzo. "Empecemos" dice, y todos los jugadores saludan con un apretón de manos a su contrincante y comienzan. No hace frío ni calor, hay un tubo de luz que emite un sonido eléctrico muy bajo pero constante. Los relojes digitales apenas hacen ruido cuando los jugadores los detienen.
 
Muy de vez en cuando Lamas vigila desde donde está sentados a los participantes para ver si alguno necesita algo. "Generalmente no ocurren problemas. No pueden tener los celulares, pero no los revisé, son jugadores muy limpios", explica y comienza a contar su vida como ajedrecista.
 
"De chico jugaba de forma muy básica con mi familia y siempre me ganaban. Un sábado de lluvia cuando tenía 16 años fui al club Urunday, jugué, gané, me gustó y a partir de ahí nunca más dejé. Di clases de ajedrez en el Elbio Fernández, en el Comcar y en el Vilardebó. Ahora doy en el club —Trebejos—. Escribí un libro de ajedrez para niños e inventamos con Leonardo DAndrea una variante de juego".
 
El ajedrez en la vida de Lamas es tema familiar. "En casa todos juegan, tuve cinco hijas —dos fallecieron—, una es campeona nacional, pero ya no juega más. Mi esposa Lila también juega, pero el problema con las mujeres es que para ser bueno hay que estudiar mucho y cuando tienen familia muchas dejan de estudiar y abandonan. Son muy buenas, pero no tenemos un ajedrez femenino poderoso por eso. En general el ajedrez uruguayo no es tan poderoso. Muchos jugadores dejan por trabajo o estudio, no es como en otros países que los federados son como jugadores de fútbol, acá no podés dedicarte solo a esto. En los torneos se cobra ticket —este salía $350—, pero no es para lucrar. Se paga la sala, el árbitro, los premios, el ranking… se va todo el dinero en esos gastos", dice.
 
Además de este tipo de instancias, hay muchísimas personas que juegan solo en ámbitos privados de forma amateur y, por eso, no están en contabilizadas. Ese es el motivo por el que es muy difícil saber cuánta gente juega de forma no profesional al ajedrez.
 
"Es raro encontrar alguna familia en que nadie sepa jugar al ajedrez, empíricamente hablando. Me atrevo a decir que la tercera parte de la población tiene idea de los movimientos de las piezas y que la quinta parte juega ocasionalmente en Internet, con la computadora o con amigos. Podrían llegar a ser unas 200.000 personas. Los que estudian y compiten son 2.000, como sabemos a ciencia cierta", estima Roselli.
 
Su vínculo con el ajedrez es una cuestión afectiva. Su padre, Diego Roselli, era campeón de Carmelo, así que en su casa el ajedrez formaba parte natural de la dinámica familiar, con tablero y muchos libros y revistas sobre el tema.
 
"Lo que me atrapó es el misterio, el desafío intelectual, que siempre hay una situación nueva y un problema a resolver. Eso es lo atrapante. Aprendí a los cuatro o cinco años y lo mismo me sigue entusiasmando hoy, que estoy por cumplir 52", sostiene. Y agrega: "Sigo intentando develar el misterio y cuando resuelvo algo que está bien, aparece otra idea nueva y vuelve a haber una vuelta más de rosca, un detalle más para darnos cuenta de que nunca terminamos de aprender algo definitivamente".
 
Aprender jugando.
Desde la FUA existe un gran interés en el ajedrez educativo. Es por eso que Roselli y Esteban Jaureguizar —vicepresidente de la Federación— presentaron en 2010 el proyecto Ajedrez para la Convivencia, actualmente bajo la órbita del MEC.
 
Desde ese entonces se enseña por año a entre 8.000 y 15.000 niños en escuelas de tiempo completo y en colegios, aunque desde hace más de 30 años hay ajedrez en centros educativos de forma no constante.
 
El programa consiste en ingresar la disciplina a la currícula. "Se comenzó con 25 escuelas de tiempo completo en los niveles de tercer y cuarto año, por un tema estratégico de madurez cognitiva y réplica del conocimiento. Desde el Estado hay una acción intencional en que el acceso a esta disciplina sea democrático y que las poblaciones se apropien con fuerza emocional, cognitiva y social", dice Jaureguizar.
 
Al día de hoy están en todo el país en 65 escuelas, 50 liceos, 16 centros de Jóvenes del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y tienen dos convenios con la Intendencia de Montevideo para trabajar en el barrio Peñarol y en un centro de inclusión de discapacidad. Además, también trabajan en cinco cárceles y de manera no formal y voluntaria hacen intervenciones en instituciones y espacios públicos. De forma paralela, el proyecto Rayuela de Plan Ceibal desarrolló Ajedrez y leyendas, un programa que tiene más de 75.000 descargas en Uruguay.
 
"La idea es romper con la visión academicista del ajedrez. No es un te enseño para que seas más inteligente, queremos revalorizar el jugar como forma de aprendizaje. El desafío es sacarle también el utilitarismo del juego y que lo disfruten de forma compartida, con otros y que se puedan cuestionar ¿qué pongo en juego cuando juego? Hay un deseo de deconstruir el jugar para ganar de forma deportiva y competitiva. El objetivo es educar, no solo enseñar. No es ajedrez mágico, es ajedrez en conexión con otras cosas, como por ejemplo apoyarse en los demás, compartir, tomar buenas decisiones, aprender a argumentarlas, respetar y validar al otro", sostiene Jaureguizar.
 
Generar mejores pensadores.
Los beneficios del ajedrez han sido estudiados en profundidad por la comunidad científica, que suele destacar que permite ejercitar ambos hemisferios cerebrales, aumentar el coeficiente intelectual, potenciar la creatividad y mejorar la memoria. Bernardo Roselli, presidente de la Federación Uruguaya de Ajedrez, sostiene que "si uno hace una actividad como el ajedrez, que implica concentrarse, reflexionar, observar infinidad de detalles para tomar una decisión, entonces todo eso nos va a redundar en un beneficio en nuestra actividad diaria en la vida Lo que haríamos con el ajedrez, practicado de una manera regular y en dosis saludable, es generar mejores pensadores".
 
Un juego que también crece online.
Marcelo (29) aprendió a jugar ajedrez a los seis años. Poco después le regalaron un libro que terminó rapidísimo, pero se quedó sin quién poder practicar. "En mi familia nadie sabía mucho", recuerda. Más adelante encontró en Internet un sitio donde poder jugar y también donde aprender más técnica. Es que como en tantos otros rubros la Red también se ha convertido en un aliado para los amantes del ajedrez. Aplicaciones, plataformas, artículos, libros y retos son parte del fenómeno. En noviembre pasado, cuando se disputó el título mundial Agon Limited, la empresa dueña de los derechos de comercialización definió la contienda como el primer torneo global "para la generación del smartphone. El ajedrez es hoy un deporte de Internet y hemos invertido fuerte en convertir este duelo en un producto lo más accesible posible para una auténtica audiencia global", le explicó a huffingtonpost.com el ruso Ilya Merenzon, CEO de la firma.
 
Un Mundial que busca motivar y mostrar a Uruguay como país.
Desde este jueves Uruguay será sede del Campeonato Mundial de Ajedrez de la Juventud. "La idea de organizar un evento es permitir a un mayor número de niños y jóvenes ajedrecistas que participen en un evento Mundial. Estamos convencidos que este es un estímulo muy fuerte y necesario para motivar a nuestros representantes a superarse día tras día. Esta Federación con su equipo de entrenadores viene trabajando desde hace 24 meses preparando a los niños de nuestro país", señala el presidente de la Federación Uruguaya de Ajedrez (FUA), Bernardo Roselli.
 
En el Campeonato Mundial de Ajedrez de la Juventud hay más de 400 participantes desde los 10 a los 18 años, que jugarán en las categorías sub 18 sub 16 y sub 14 absoluto y femenino representando a 54 países. "Deseamos presentar Uruguay al mundo como concepto de país ordenado, buen organizador de eventos y buen anfitrión. Si Uruguay pretende organizar una Copa del Mundo de Fútbol primero debemos cumplir etapas haciendo actividades de este tipo", sostiene el presidente de la FUA.

 

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